Cine

Casi un gigoló: Comedia que sabe ser elegante y entretenida

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Título original: Fading Gigolo

Dirección: John Turturro

Reparto: John Turturro, Woody Allen, Vanessa Paradis, Liev Schreiber, Sharon Stone, Sofía Vergara

Las ‘comedias de pastelazo’, o modernas para la concurrencia, que solo hacen galantería de chistes vulgares gastados, prosaicos o demás fórmulas que buscar arrancar la carcajada del público solo por el esperpento de su abuso en matices sexuales o irreverencias soeces, abundan hoy en día en cartelera. Pero cuando llega una comedia que lejos de insultar la inteligencia, y al contrario, provoca la carcajada desde lo más recóndito del espectador, esa que está ahí oculta esperando a salir de manera ingenua, verídica, original , legítima, sin ser falsa, se agradece el que llegue a las marquesinas, lamentablemente muchas veces, estas películas pasan a segundo plano, por ser independientes.

Este es el caso de Casi un gigoló, película a cargo del actor –y también cineasta– John Turturro, ese que recordarán por ser el estelar fetiche -o recurrente actor- de los hermanos Coen en innumerables cintas de su autoría.

Para sorpresa del cinéfilo, Woody Allen comparte crédito estelar con el mencionado actor, y es de esas raras veces que el también realizador se deja domar por la mano de otra dirección cinematográfica. El encuentro entre ambos resulta en una dupla hilarante que se compagina dialogo a dialogo a través de la cinta.

La anécdota es sencilla: Murray (Allen) dueño de una librería de libros usados en Manhattan se ve orillado a cerrarla. Al inminente suceso, le propone a su empleado Fioravante (Turturro) el empezar un negocio alterno inesperado, una “sociedad” en conjunto donde Murray le agende a Fioravante encuentros con señoras que necesiten de la compañía de un hombre, sacando provecho monetario de ello, ahí comienza la doble vida de quienes se harán llamar Dan Bongo y Virgil Howard, respectivamente.

La cinta cautiva desde su arranque en pantalla, con un bello jazz que acompasa las escenas de los barrios de Nueva York, emulsionando una sensación de nostalgia inclusive para quienes nunca hemos recorrido esas calles, y este es un gran acierto que se agradece, la música que acompaña el filme es digna de recordar, teniendo una pieza del ensamble de tango Alacran, interpretaciones de jazz a cargo de  Gene Ammons, M’Barka Ben Taleb y temas de la cantante francesa Dalida.

El reparto es digno en todos los aspectos, aparte de Allen y Turturro, se cuenta con la participación de Sharon Stone, que aunque entrada en años, luce espectacular todavía con el porte que le caracteriza. Sofía Vergara también hace aparición en su recurrente picardía latina y el buen manejo de su personalidad a cuadro. La actriz francesa Vanessa Paradis, quien es prácticamente desconocida en este lado del planeta, distingue por su presencia y un personaje cargado de emociones.

A pesar de esta no ser una cinta del cineasta Woody Allen, su caracterización pudiese ponerse en tela de juicio, porque pareciese que solo vemos un chiste o mofa de el mismo en pantalla, pero eso que mejor quede a la elección del espectador, al menos se agradece que él haya estado lejos de las decisiones de dirección y argumento, ya que estas pertenecen completamente a John Turturro.

Casi un gigoló, contrario a lo que pensaría el cineasta promedio, carece de ser la opera prima de Turturro, el cual ha estado en la silla de director desde 1992 con la cinta Mac, y de la que le siguen en su trayectoria de cineasta 5 películas más. John Turturro demuestra que es sólido en todos sus roles en la cinta, nunca siendo improvisado y alzando la gallardía de saber lo que hace.

La película ha contado con un estreno limitado en EU en abril de este año, por lo que hemos de contar con el privilegio de solo a unos meses llegar a las salas mexicanas, suceso que se aplaude ya que muchas veces este tipo de cintas prefieren dejarse pasar por desapercibidas en verano, dando entrada a las multiestelares franquicias por todos conocidas.

Clasificación: Como bien se mencionó al inicio del artículo, pocas comedias hoy en día valen la pena el pagar el boleto de cine. Hoy por hoy, es discutido en que vale nuestro dinero el esfuerzo de encontrar un costo/beneficio como usuarios de la butaca. Aseguro que quien vaya a ver Casi un gigoló, saldrá de buen humor de la sala, lejos de haber estado en algún entramado vulgar, descortés o falto de tacto, y vaya que el tema se presta para ser todo lo contrario.

Saludos desvanecidos a la concurrencia.

 

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