Tranquilidad turquesa (reflexiones en la 1ª. Temporada de Conciertos 2012 UANL)

Por Ezequiel Contreras y Zaida Paredes

Fue a medio día del domingo 5 de febrero, cuando escuchamos los últimos retoques de preparación, una cuantas notas sostenidas para estar todos a tono guiados por el primer violín. Un breve aplauso de bienvenida mezclado con admiración inmediata. Se levantan todos, como una ola de blanco y negro característico del saludo a la audiencia.  Jeffrey Rink entra al escenario, alto como el mástil de un barco, todos esperan sus indicaciones para estremecer a los presentes, hacerles recordar algo que el día a día amenaza con arrebatarnos. Su sonrisa sincera es una pequeña pista de lo que nos regalará en unos momentos.

Obertura a Candide, es una deliciosa obra que te lleva de la tranquilidad de la cama, navegando por los torbellinos de la mente, por sueños misteriosos, algunos inconcebibles, otros alegres, tantas cosas que están por brincar directamente de la mente a la pluma, no hay suficiente tiempo para escribir todo lo que brinca de un lado a otro en la mente de Voltaire, quien inspiró esta pieza musical. Voltaire duerme.

Son tan impresionantes las maravillas que nos brinda la música de orquesta. Realmente al cerrar los ojos, la mente navega guiada por las notas que inundan el atrio, como si fuese un pequeño reloj de arena, que gradualmente va provocando emociones cada vez más fuertes, el violín, luego el chelo, contrabajos, y el poderoso tambor. Todo perfectamente coordinado por un solo motivo, despertar tus emociones, y lo logran a la perfección. Cuando han despertado tus emociones, se viene una pequeña pausa, los aplausos del público perturban la tranquilidad, pero es la mejor manera de que disponen para agradecer lo que nos ha regalado.

Justo entonces regresa, pero esta vez no lo hace solo, Irasema Terrazas en un hermoso vestido largo azul turquesa deslumbra nuestra nuestra atención, de nuevo los aplausos resuenan. Su potente voz soprano, acompañada de armonias que inspiran a soñar despierto detienen el tiempo, todo lo que había hasta entonces en nuestras mentes se desvanece en las emociones de la obra.  Esta vez aporta a una pieza llamada “Knoxville: Verano de 1915”, por Samuel Barber (1910-1981).

Interrumpidos por un intermadio que sirve nomás para algunos , dejando en espera por más al resto, ahí en la sala.

En delante, todo será bellamente tranquilo, la mente se desvanece en los sentimientos que solo la orquesta puede guiar, a ellos les entregamos nuestros sentidos, sabiendo que los guiaran por los mejores paisajes jamás vistos.

Bellamente interpretada por la orquesta sinfónica de la UANL, la obra de Gustav Mahler, Sinfonía No. 4 en sol mayor toca…

“Contemplativo. Sin apurar

en movimiento cómodo. Sin prisa

Tranquilo

Muy cómodo”

 

Entre un público absorto por las notas que tan armónicamente bailaban entre los músicos de la UANL, la canción finalizó como lo mencionan en el folleto proporcionado a la entrada (escrito por Juar Arturo Brennan, crítico musical) “una inocente y directa alabanza a los placeres celestiales, a un simbólico banquete preparado en el mismo cielo, a los fértiles jardines de las alturas, a los coros y bandas angelicales y al éxtasis de la transfiguración”.

Al terminar, el estruendo de los aplausos, las caravanas de los integrantes, las personas de pie, todos desean detener el tiempo, mantenerse allí por siempre. Por un lapso de tiempo fuimos llevados lejos de esta ciudad llena de problemas, fuera de este mundo convulsionado, recobramos la alegría de vivir, la calidez de las emociones poco frecuentadas de nuestra humanidad, por un momento perdimos la noción del tiempo y nuestros sueños sanaron nuestro espíritu.

PERSONAJES

Director huésped: Jeffrey Rink

Solista: Irasema Terrazas

Orquesta Sinfónica UANL: Director artístico: Jesús Medina

Obras:

Obertura a Candide de Leonard Bernstein

Knoxville: Verano de 1915, Op.24 de Samuel Barber

Sinfonía No. 4 en sol mayor de Gustav Mahler