Una segunda oportunidad: una comedia medio en serio

Una Segunda Oportunidad

Hace años tuve una novia que era fanática de las comedias románticas. En realidad le gustaba todo tipo de cine, pero las historias de amor con toque ligero eran sus favoritas. Una vez me dijo que había descifrado por completo la fórmula de la comedia romántica exitosa, elemento por elemento. “En todas sucede lo mismo”, decía, “se conocen, se enamoran, ella comete un error, se separan, luego ella lo busca y él la perdona”.

Y así de golpe me resumió la estructura de uno de los géneros más rentables y económicos de producir en el cine. Cambia un personaje por otro, agrega historias secundarias que sean variaciones del mismo tema y PUM, ya tienes una comedia romántica. Una Segunda Oportunidad cae redondita en esta categoría.

El dilema moral

Eva es una mujer divorciada que trabaja como masajista. En una fiesta, justo cuando había perdido la esperanza de encontrar un galán de perdido para ver, conoce a Albert. En el momento no le pone mucha atención, pero en cuanto este intercambia un par de comentarios simpáticos que la hacen reír Eva comienza a fijarse en él. Ya saben, cotorro mata carita.

Luego Eva se da cuenta de que una de sus clientas es la ex de Albert y aquí comienzan los enredos. ¿Qué tan buena idea es obtener información de primera mano acerca de la persona con la que apenas comienzas a salir? A mí la pregunta me dejó pensando.

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Diagnóstico final

Una Segunda Oportunidad es una historia de amor de rucos. Vaya, de señores. Los problemas con los hijos, el trabajo, las manías de toda la vida. Nadie llega a estar disponible afectivamente en la edad adulta sin haber pasado antes por un par de traumas y esto hace que la película tenga un ángulo interesante, pero también la puede convertir en una experiencia un tanto incómoda que a pesar de todo vale la pena ver.

Una Segunda Oportunidad