El Gran Gatsby: Más allá de la opulencia y la excentricidad, una película para recordar.

GG-H
Dirección: Baz Luhrmann

Reparto: Leonardo DiCaprio, Joel Edgerton, Tobey Maguire, Carey Mulligan, Elizabeth Debicki, Amitabh Bachchan

La película ‘El gran Gatsby’ es una adaptación del libro homónimo de Francis Scott Fitzgerald, se recomienda ampliamente su lectura para una mejor comprensión cultural.

Nick Carraway es un joven emprendedor que se muda a la gran manzana con la meta de explotar el creciente mundo financiero de Wall Street de la década de 1920, pero su verdadero sueño es ser escritor. Al llegar a Nueva York renta una modesta casa con bahía incluida y cual sería su sorpresa que su vecino sería uno de los hombres más misteriosos y extravagantes del momento, Jay Gatsby.

Esta es la premisa del nuevo filme de Baz Luhrmann que se estrena hoy en el país y llega en un sorprendente formato 3D (Y claro, también en el convencional 2D digital) y nos arrolla con un despliegue visual sin precedentes.

Y es que el estilo de Luhrmann es muy bien conocido: Tomas arriesgadas, plano secuencias imposibles y la constante elipsis dentro de la historia para contarnos otra micro historia. El director hace nuevamente alarde de su estilo en esta película pero aprovechando ahora la tecnología punta y desenfundando sus pliegues cual pavorreal para hacer artilugio y maña de lo que sabe hacer, esto es, narrar con un estilo visual que como bien me dijo La Maga (Sandra de Miguel) ‘es como ir a un parque de atracciones.’

El elenco es acertado. Nick Carraway es Tobey Maguire, quien funge como narrador de la cinta y es el conector entre la audiencia y lo que acontece en pantalla; Carey Mulligan es Daisy Buchanan, prima de Nick y esposa de Tom Buchanan, interpretado por Joel Edgerton; y, por último, Leonardo DiCaprio encarna al buen Gatsby, le sienta bien la madurez y nos entrega a un personaje con ciertos recuerdos a Calvin Candie y Howard Hughes en Django desencadenado y El Aviador respectivamente, lo que no quita que DiCaprio hace uno de sus mejores esfuerzos.

El derroche, la opulencia, la extravagancia y excentricidad están en el desarrollo de la cinta, pero bajo un claro propósito desde la dirección: más que adular o pretender que eso sea el arco triunfal, es hacer mella y dar crítica suelta a ese superfluo estado de vida, ya que Luhrmann lo deja claro, lo que importa es el sello personal de los personajes y como deciden vivir y cambiar su vida, el ambiente en el que se desarrollan solo es un pretexto para generar el cambio.

La historia va más allá de una anécdota de chicos ricos que disfrutan una vida de excesos y placeres y nos entrega la visión romántica de un soñador empedernido y de lo utópico que puede ser el amor, de cómo es que la idealización por alcanzar el poder u obtener bienes materiales puede traer un falso confort en la vida, dejándonos vacíos al final del día.

Hay claros símbolos a lo largo del filme, contrastes entre la clase trabajadora y quienes derrochan el dinero por el gusto de hacerlo, hay lecciones que son vigentes inclusive para las nuevas generaciones. El cascarón de la película es justamente deslumbrarnos con su ‘Bling Bling’ pero nos atrapa con la temática que está enraizada: La tragedia que se vive al creer en las idealizaciones.

Su música es atrevida, como en todas las películas de Luhrmann, pero siendo ad hoc para comunicar su lenguaje a jóvenes generaciones que no conocieron el foxtrot original. Así, el famoso rapero Jay-Z corrió con la producción ejecutiva del mismo, dándole un tono bastante contemporáneo y dando lugar a colaboraciones como la de Lana del Rey, Beyoncé, Fergie, Florence and the Machine, Will.i.am y Jack White, entre otros.

Como dato curioso, Baz Luhrmann se mudó de su natal Australia con todo y su familia para rodar en Nueva York, pero al toparse con que le sería prácticamente imposible decidieron regresar a Sydney haciendo la mayoría de la producción en los sets de Fox Studios.

Estados Unidos no ha acogido a la película como se esperaba y se dice que los estadounidenses tal vez no están ahora como para ver la vida de excesos y derroches en la pantalla, ¿será acaso por el creciente desencanto del capitalismo, estando al borde de la quiebra con créditos impagables e intereses moratorios cargados a cuestas? Más allá de eso, es posible que no se quiera ver el verdadero mensaje: que una vida de banalidades y superficialidad sólo nos lleva a la deriva.

Clasificación: Si es fan de alguno de los actores o del director, adelante, siéntese y disfrútela. Si leyó la novela de Fitzgerald, tome nota de que le pudo gustar más del libro que de la película. Y, si solo la ve en la ignorancia y por querer descubrir que es esto de la parafernalia Gatsbyniana, le invito a que la aprecie como una obra digna de reflexionar, de entretenerse y dejarse sorprender, pues la magia narrativa aún es posible.

Saludos grandes.

H.