“Django Unchained”…un “Western” muy “South-eastern”

DU-H
Con un peculiar planteamiento de Western que se ubica en el sureste de los E.U (y no en el oeste, propiamente) llega a la pantalla la nueva propuesta de Quentin Tarantino: “Django Unchained” (“Django desencadenado”)

Aunque los puristas dirán que un Western se ubica en el lado occidental de la Unión Americana durante el Siglo XIX (y no en el punto sur del extremo opuesto del territorio Estadounidense), lo cierto es que el género fue creciendo, ampliando sus variables también a características de personajes, a elementos contextuales, a modos y estilos de vida y hasta formas de pensar prevalecientes en la trama.

Por lo anterior, se abre a la validez el hecho de que no se señale como obligatorio que una película esté ambientada en el Oeste Estadounidense para que entre en la categoría (por esta misma libertad surgieron el Spaguetti Western de compose italiano, el Chili Western realizado en los Estados de Zacatecas y Durango, en México,  y luego hasta el Cabrito Western, con una serie de productos realizados en Nuevo León, en los alrededores de Monterrey, para ser precisos, durante los años finales de la década de los 70 y principios de los 80)

Si bien es cierto que este género es el que más identifica el sentimiento norteamericano, por su relación con la conquista de tierras inhóspitas y de mentes salvajes, así como con la descripción (a veces idílica) de momentos clave del establecimiento de la Nación como tal, también lo es porque en él se representan los valores y antivalores con mayor profundidad en el carácter general.

Este filme, con referencias vagas de “El bueno, el malo y el feo” y otras muy directas al inolvidable “Django” de Sergio Corbucci (1966), que fuera la película detonadora de una larga cadena de historias que concretaron el mundialmente famoso “Spaguetti Western”, da continuidad a la tetralogía de conecte genérico que Tarantino comenzó con “Kill Bill” (Vols. I y II) –Artes Marciales-, siguió con “Bastardos sin gloria” (Bélico) y cerrará, según se dice, con un proyecto orientado al cine de gánsteres, con trama ubicada en la década de los 30 y con un claro homenaje al cine negro clásico.

Aunque el “Django” de Corbucci tuvo una larga lista de filmes relacionados,  lo cierto es que la única secuela “oficial” fue la titulada “Django 2: Il Grande Ritorno” (“Django Strikes Again”) de 1987. Ahora, la liga entre esas producciones y la aquí reseñada queda sólo en el título, en el género y en la participación especial del otrora protagonista.

La historia de “Django Unchained” se ubica al sur de los Estados Unidos,  en 1858 (dos años antes de la Guerra Civil),  justo cuando el Dr. King Schultz (interpretado por un impecable Christoph Waltz, que vuelve para refrendar su categoría de “Gran Actor”, luego de su inolvidable rol en “Bastardos sin gloria”) busca al esclavo Django (Jamie Foxx, insípido por su actuación,  pero entrañable por el personaje) para liberarlo y entrenarlo a fin de convertirlo en su “asistente” en su actividad de caza-recompensas  (disfrazada tras la de dentista ambulante)

Así, juntos, Schultz y Django emprenden la búsqueda de asesinos para dar cuenta de ellos y cobrar la paga por sus cabezas, a la vez que a la tarea de encontrar a Broomhilda, la esposa que el nuevo “hombre-libre” perdió tiempo atrás en el mercado de esclavos.

Cabe señalar que el perfil y situación de fondo/forma de la mujer (Broomhilda), esclava negra que habla alemán, obliga a pensar en Karl May, quien llegó a escribir westerns inspirados en cineastas de base como Fritz Lang.

En el devenir, marchando de una recompensa a otra, King y Django  llegan a las instalaciones de “Candyland”, propiedad de Calvin Candie, donde encuentran una gama de personajes tan amplia como disímbola y determinante para la trama.

Los 165 minutos que dura la película se van “como agua”, gracias al montaje de Fred Raskin, aunque es innegable que se extraña el estilo característico, de cobertura omnipresente y vertiginoso de Sally Menke, la estrella de la moviola que falleció trágicamente en el 2010 y que, sin duda, dejó un hueco difícil de llenar en el equipo Tarantino.

De igual forma, es necesario recalcar que el pre-clímax resulta más intenso que el clímax mismo y que la separación entre ambos deja un compás de espera tal que por poco y hunde lo logrado en cuanto a ritmo durante los puntos de introducción, precipitante y desarrollo.

Aunque  el desempeño de Jamie Foxx (Django) es suficiente y cumple, resulta difícil dejar de pensar si Will Smith, el candidato original para el papel, lo hubiera hecho mejor.  Por los demás, hay mucho por destacar en el terreno histriónico. Por ejemplo:

  • Que el ya referido Christoph Waltz se lleva el filme,
  • Que Leonardo Di Caprio (personificando a Calvin Candie) da muestras de avance y madurez actoral (aunque por mucho que cambie de vestuario, accesorios y caracterización, sigue siendo Leo Di Caprio y no el personaje en sí),
  • Que Samuel L. Jackson da cátedra con su “Stephen”, un esclavo con beneficios tan siniestro como los giros de tuerca del guión,
  • Que la tremenda sorpresa de la entrega la da Kerry Washington que, como “Broomhilda”, muestra cómo una buena actuación no requiere de parlamentos largos y subraya el uso del lenguaje no verbal (expresión corporal) y la dirección de intensidad en la mirada como variables clave en la transmisión de emociones,
  • Y que “cameos”, incluyendo el del propio Quentin Tarantino (con un personaje de “curioso” e innecesario acento australiano), dan frescura al aporte visual y hasta dejan ciertos momentos memorables… aunque, la verdad, como actor, Tarantino es muy buen Director.

El Diseño de producción de Michael Riva, el vestuario de Sharen Davis y la fotografía de Robert Richardson combinan de tal forma con música y títulos especiales que desde los créditos de introducción  nos remontan a las funciones de matinées sesenteros/setenteros.

Zoom in- zoom back, focus/defocus e incontables planos detalle, así como entornos cargados de gamas de café, ocre, negro y rojo, contribuyen a definir el tono de género y época, asentándola en el pastiche que pretende ser, además de que, aderezados con tomas sobreexpuestas, otras de apariencia desgastada y cortes abruptos entre secuencias, acentúan las emociones de los personajes, la ligereza o densidad de sus ambientes y qué tan intensas o superficiales son sus motivaciones.

Los fotogramas se van encadenando presentando infinidad de bits con tono de comedia compaginados con enfrentamientos a tiro cruzado tan definitorios del estilo de este director y hasta con algo de horror, con suficiente apología de violencia y sangre como para ganarse a pulso la clasificación “R” (Restricted) en la Unión Americana.

¿Los “Peros”? Algunas lagunas narrativas, escenas que se alargan sin razón, variantes en el tratamiento visual (diseño de fotografía) y algunos saltos (casi imperceptibles) de continuidad. Todos ellos resultan “pecados menores” ante la calidad del resto de los componentes  (tan menores que se perdonan “de facto”)

Sin duda, “Django Unchained” / “Django Desencadenado” sale airosa de la expectativa. Sin embargo, es de justos plantear que no es el mejor trabajo de Tarantino,  aunque ya se candidatea entre las “Oscareables” para la próxima entrega y hasta se le ha calificado como “el detonador para el resurgimiento del género”.

Edui Tijerina Chapa