Vigilias de un desarraigo

FTNL
Este jueves en la Gran Sala del Teatro de la Ciudad nos visitó desde Argentina la puesta en escena “Vigilias de un desarraigo” concebida e interpretada por Germán Cabañas.

Tuvimos la oportunidad de asistir al ensayo de esta obra, y con ello descubrir cómo el mago se saca el conejo del sombrero. Presenciamos de primera mano las actuaciones inigualables de  Cabañas quien nos impresionaba con sus impecables movimientos en escena, así como también, el titánico y altamente preciso trabajo del equipo de técnicos que hizo posible que esta interpretación nos transportara a esa dimensión donde la dicotomía entre sueño/vigilia, realidad versus fantasía pierden sus límites.

Vigilias de un desarraigo, sin decir una palabra y emitiendo a lo mucho ruidos, onomatopeyas, gesticulaciones… dice mucho, ya que emulando la magia del cine mudo de Chaplin, este performance nos va adentrando en el mundo del personaje anónimo que vemos en escena tanto con la música, el juego de luces, los movimientos y principalmente la metáfora.

Como nos comentaba el creador de esta idea tras bambalinas, el título se origina por ese juego que ocurre con el público entre no saber si el personaje está despierto (vigilante) o dormido además de que propiamente nos está narrando una historia, un duelo (desarraigo) y un sueño.

Vale decir que en esta presentación tenemos más de un contenido, así como mencioné anteriormente los temas que saltan a la vista del espectador (el sueño y la pérdida) hay un par de cosas más que podemos desmenuzar acá:

Primero, lo más evidente ¿Qué queda después de la pérdida? Vemos a este personaje casi agorafóbico (miedo a los espacios abiertos, y como consecuencia, a salir) encerrado en su habitación verdaderamente atrapado, a ratos temiendo al exterior, a ratos deseándolo. Experimentando con el interior de su habitación, deprimido, feliz, curioso, en fin, un abanico amplio de emociones a experimentar. Y finalmente, aceptar la pérdida, ser capaz de abrir la herida, abrir la puerta, y abandonarse al sentimiento sin más rodeos.

Segundo pero no menos importante, la tragicomedia intrínseca de la humanidad: el deseo hasta ahora irreal (salvo el uso de aparatos externos al cuerpo) de ser capaz de volar, la lucha contra el propio cuerpo que raramente obedece nuestros arbitrarios caprichos, lo sublime del deseo, del amor, de la tristeza; y lo cotidiano, el cansancio matinal, el desgano, el simple acto de cepillar los dientes y la rutina diaria cuasi robótica que día a día seguimos. Es triste ser humano y es maravilloso ser humano, todo al mismo tiempo.

Tercero y quizá sale más de la experiencia personal de acudir a esta puesta en escena, el retorno a la infancia, ya que al estilo de Peter Pan, Germán Cabañas hace gala de un dominio impresionante del cuerpo al dominar diversos movimientos con precisión quirúrgica que emulan el vuelo y además, el retorno a la infancia del público ya que más de uno quedaban boquiabiertos al presenciar las escenas de vuelo, los desafíos de gravedad, esos sueños cotidianos en que la cama se mueve, etc.

¿Porqué habríamos de ver esta obra?

Porque no es una puesta en escena convencional: es decir no tenemos un argumento, diálogos del personaje ni monólogos (que suelen ser más bien diálogos con el público) y pese a ello, sobretodo por ello, esta obra nos atrapa.

Entre las razones técnicas, por su enigmático soundtrack que oscila del dubstep al chill out el espectáculo de luces y oscuridad, finamente combinadas y como he mencionado

Precaución espectador: con Vigilias preparese usted para un contenido altamente fantástico y emotivo, para dejarse llevar por la carcajada, el llanto, la indiferencia, el dolor, la curiosidad… En fin, lo que sea que a usted le provoque ver esa puesta en escena.

Para concluir, el cuerpo técnico de esta obra no requirió más que el esfuerzo de 18 personas entre tramoyistas, técnicos, el director y el actor principal. Un total de 4 personas que vinieron desde las tierras Argentinas y el resto, parte del cuerpo técnico de Conarte NL. Parafraseando al equipo de Vigilias de un desarraigo: es un espectáculo sin producción sobrecargada, es más bien casero…

Y siendo una fantasía casera, es más que suficiente. A veces lo único que se necesita es dejarnos llevar.

 

Saludando de nuevo,
Leo Carrington.