¿Orgullosas de ser “chicas Bond”?

Como abordar el análisis del rol de las personas del sexo femenino en la larga serie de filmes del famoso agente secreto James Bond podría ser perfectamente el tema de una tesis doctoral de estudios de género o de estudios culturales, para este artículo tomaré tan sólo una pequeña muestra de tres películas, correspondientes a tres décadas distintas: Dr. No, de 1962; Octopussy, de 1983; y, por último, Casino Royale, la penúltima, de 2006.

Después de observar detenidamente los papeles de las mujeres en las historias de estas películas, todas ellas basadas en las obras del novelista británico Ian Fleming, concluí, y es lo que trataré de mostrar aquí, por qué en realidad no hay motivos para aspirar a ser una “chica Bond”y por qué los que sueñan con ser agentes secretos tampoco tendrían razones para querer o hacer de la persona que tienen a su lado una chica que imite ese modelo, a menos, claro, que no aspiren al ideal de la igualdad entre las personas.

Pero tampoco hay que caer en prejuicios fáciles: elementos de resistencia susceptibles de ser reinterpretados para empoderarse también hay, aunque sean los menos.

Veamos cada caso:

Dr. No

La “chica Bond” de esta primera película de la franquicia Bond, Honey Ryder, interpretada por Ursula Andress, presenta algunas características que la sitúan fuera del estereotípico papel de mujer débil y víctima y que podrían ser rescatables… hasta que conoce a James Bond. Entonces hace honor a su hombre (Honey) y convierte el relato de su pasado en una historia difícil de creer.

Y es que aunque en su primera aparición se presente cosificada (la vemos en la diégesis aparecer en bikini bajo la mirada de Bond y enseguida éste comienza a babear olvidándose por completo de su misión), hay que valorar el hecho de que lleva un cuchillo y está sola en una isla a la que todo el mundo teme ir para recoger conchas y venderlas después por la mayor cantidad de dinero posible.

La idea que por momentos transmite es la de una mujer que sabe defenderse y que no le teme al peligro. El problema es que esta imagen se desvanece en cuanto aparece Bond y se observa que su comportamiento no es, precisamente, el de Xena, la princesa guerrera, por mucho cuchillo que lleve consigo.

Después le cuenta a Bond que ha viajado, que conoce cosas, que se quedó huérfana en la vida y que mató con una araña viuda al hombre que primero le dijo que le alquilaba un cuarto gratis y luego la intentó violar.

Sin embargo, todo esto contrasta con el ataque de dulzura (no es casual su nombre, Honey) que parece darle desde que Bond aparece en escena.

A partir de ese instante, salvo en tímidas respuestas a los secuaces del Dr. No para escapar o para que suelten a Bond, por lo general, Honey adopta el rol de niña indefensa que se encuentra por primera voz sola ante el peligro, que no sabe lo que hay que hacer y que por eso se pone a las órdenes de Bond y se deja proteger sin rechistar.

En definitiva, se aminora ante la presencia de Bond, sobre todo si tomamos por cierto el relato de su pasado. Y es que ya lo dijo la feminista radical francesa Virginie Despentes en su libro Teoría King Kong: “Las mujeres se aminoran espontáneamente, disimulan lo que acaban de conseguir, se sitúan en la posición de la seductora, incorporándose de este modo a su papel, de modo tan ostentoso que ellas mismas saben que –en el fondo- se trata simplemente de un simulacro. El acceso a los poderes tradicionalmente masculinos implica el miedo al castigo. Desde siempre, salir de la jaula se ha visto acompañado de sanciones brutales.”

Pero en las películas de Bond no sólo está el modelo de mujer “ideal” del que el discurso patriarcal pretende hacer propaganda y que siempre sale bien parado, también está el tipo de mujer que llamaré “mujer cepo”.

En este caso, la “mujer cepo” pertenece a la organización del Doctor No y es la encargada de seducir a James Bond para tenderle una trampa. Este hecho ya es completamente machista porque entiende que el único papel que pueden jugar las mujeres para ser útiles en los asuntos considerados de hombres es el que pasa por hacer uso de su sexualidad para conseguir algo a cambio, esto es, prostituirse. Y podría ser totalmente legítimo si aún lo hiciera para su propio beneficio, pero no es el caso.

Y, por si fuera poco, cuando la trampa falla y le piden algo que no estaba previsto, esto es, que le entretenga en su casa, Bond, aun sabiendo que colaboraba con los que querían matarle, folla con ella –reproduciendo la idea de que el género masculino siempre tiene ganas de mantener relaciones sexuales sea con quien sea- mientras que a los de su organización les trae sin cuidado que eso suceda, pues es el único arma que entienden que podría tener una mujer en ese instante para entretener a un hombre. Y claro, ella, resultado de esa misma ideología, así responde.

Pero además de la “chica Bond” y de la “mujer cepo”, hay también un personaje secundario que merece ser mencionado. Se trata de la chica del principio, Sylvia, la del casino, interpretada por Eunice Gayson, que no sólo desafía a Bond en la apuesta sino que después, cuando ambos ya han iniciado el juego de seducción, ella se cuela en su casa por su propia iniciativa y le recibe jugando al golf medio desnuda. Lo rescatable de eso sería que no se reprime el intentarlo con Bond por el miedo inculcado de ser “una cualquiera”, que a día de hoy todavía de forma directa o indirecta se incita a tener y explica que muchas chicas prefieran no tomar la iniciativa, por si acaso. 

Octopussy

La “chica Bond” de esta película, Octopussy, interpretada por Maud Adams, también presenta algunos rasgos alejados del estereotipo y del tradicional “deber ser” de la mujer: tiene su propio negocio (y no precisamente de algo asociado a la mujer, como es el tráfico de diamantes), es independiente y autosuficiente y gestiona la vida de una isla en la que habitan únicamente mujeres y en la que no está permitida la entrada de hombres.

Y, a diferencia de Honey Ryder, no se transforma enseguida ante la presencia de Bond. Incluso después de haberse acostado con él, su primer objetivo cuando sabe que su negocio entra en conflicto con la misión de Bond, es mirar por su negocio. Sólo cuando se entere de que su cómplice en el negocio, Kamal Khan, le ha traicionado, cambia de parecer.

En ese momento, las mujeres de la isla de Octopussy tienen que impedir que Kamal Khan se marche y éstas demuestran que saben defenderse y que saben pelear, algo que no predomina en el imaginario fílmico (bueno, ni el imaginario en general).

Sin embargo, al final, esa línea discursiva novedosa se verá interrumpida cuando Bond intervenga para salvar a Octopussy quien, aunque estaba peleando con una espada, de repente parece verse en problemas.

Finalmente, la historia entre Octopussy y Bond es de cuento con final feliz. Los dos en una embarcación movida por las mujeres de Octopussy.

Respecto a los personajes secundarios, hay dos en los que merece la pena detenerse. El primero, es la mujer que aparece al inicio del filme.

A esta mujer se la presenta en la introducción de la película totalmente como un objeto cuando Bond está escapando de una misión distinta a la principal que abordará Octopussy. Prácticamente nada más comenzar la película lo primero que se ve es a ella con un vestido blanco y un general que no deja de mirarle las tetas.

Después, para ayudar a que Bond escape, tendrá que distraer a más militares enseñándole sus piernas, su escote y sonriéndoles. De nuevo, se asiste a un típico y doble proceso: por un lado, se dice que las mujeres son débiles o que no saben pelear o defenderse; y, por otro, se las utiliza a través de su sexualidad (como si eso no requiriese también fortaleza emocional, sobre todo sí se es consciente), se demerita esa utilización y luego se las califica de putas o algo similar.

Y también aquí de nuevo está la “chica cepo”, una de las chicas de Octopussy y temporalmente al servicio de Kamal Khan, que vende joyas a Orlov, un general ruso cuya ambición es conquistar Europa después de favorecer el desarme unilateral provocando un accidente nuclear y haciendo creer que fue culpa de los americanos.

Esta chica, Magda, interpretada por Kristina Wayborn, Miss Suecia 1970, también tendrá sexo con Bond con el objetivo de recuperar el huevo de oro auténtico que entregará después a Kamal. Es decir, de nuevo su papel pasa por entregar su sexualidad para los beneficios de alguna instancia superior.

Casino Royale

Empecemos también por la “chica Bond”, Vesper Lynd, interpretada por Eva Green. Una vez más, observamos otro ejemplo en el que la que va a ser “chica Bond” no es tonta, pero que, sin embargo, no podrá hacer mucho uso de su inteligencia.

El momento clave de humillación será cuando Bond le diga que le ha comprado un vestido con mucho escote para que distraiga a una de las personas contra la que él estará jugando en el casino. Está con una mujer a la que le reconoce su inteligencia pero el papel que la otorga es el de mostrar sus tetas.

En cuanto a los personajes femeninos secundarios, destaca la mujer del enemigo de Bond con la que éste se acuesta únicamente para extraerla información. Ella está, además, en todo momento siendo vista como un pedazo de carne bajo la mirada de los hombres y también bajo el control estricto de su marido. En la película se llama Solange y es interpretada por Caterina Murino.

En las pocas palabras que cruza Solange con Bond hay dos momentos muy representativos. El primero, cuando ella le dice que le gustan los chicos malos, transmitiendo el típico discurso de que a las chicas nos gusta que nos traten mal; el segundo es la que sale por boca de Bond cuando él le dice que prefiere a las casadas porque así es más fácil, dando por hecho que todas las mujeres quieren siempre algo serio con un hombre y se van a poner en plan pesado pidiéndole matrimonio y suponiendo, además, que en el caso de que esas mujeres quisieran tener una relación con él, iban a creer también en la institución matrimonial.

En definitiva, en esa escena se condensa el discurso hiperestereotípico de que todas las mujeres están esperando a un hombre con el que casarse y que cuando encuentran a alguien que les gusta son unas pesadas y son capaces de hacer la vida imposible a esa persona porque no son seres racionales que saben aceptar un no por respuesta.

Otro personaje destacado aquí es el de la jefa, M (Judi Dench). Ella tiene autoridad, ocupa un puesto importante por encima de Bond en el servicio secreto de inteligencia británico MI6, no es cosificada en ningún momento y es inteligente. En definitiva, también logra salirse en cierta forma de la norma. Pero sin embargo, curiosamente, ella no es considerada “chica Bond”. Claro, porque para ello, es necesario ponerle ojitos a Bond, decirle sí a todo, ser joven, sexy y enseñar el escote. Quizás porque no hace eso muchos no la contemplen ni siquiera como mujer.

Pero es precisamente personajes como ese los que pueden empezar a construir un discurso diferente que contribuya al fin de la desigualdad y al fin de la opresión, a romper con los imaginarios dominantes, así como el de Honey cuando se defiende de un violador o cuando se va sola a una isla peligrosa a conseguir conchas con un cuchillo como arma o el de las mujeres de Octopussy cuando pelean para impedir la traición de Kamal a su negocio.

Sin embargo, a pesar de esas figuras o instantes que son los menos y los que suelen caer en el olvido cuando no pasar totalmente desapercibidos, se observa que aún queda mucho por hacer, tanto en las luchas feministas diarias, como en los discursos transmitidos en los medios de comunicación masivos, que se mantuvieron en su mayoría sordos a las reivindicaciones del movimiento de liberación de la mujer de los 60 y después a las contemporáneas, a las de la tercera ola, que surgió en los 90 y continúa en la actualidad para insistir en que no hay un única forma de ser mujer.