Maze Runner Prueba de Fuego

maze-runner-prueba-de-fuego_1El dilema moral del crítico no es para con la cinta, sino para con sus lectores. Maze Runner Prueba de Fuego le va a encantar a los fans y al resto probablemente le parezca entretenida, sin embargo…

En la era dorada del entretenimiento, las películas industriales han desarrollado mecanismos para que los espectadores nunca se sientan confundidos. Esta aversión a la incertidumbre ha producido trucos que nos “explican” lo que está sucediendo y cómo debemos sentirnos al respecto. La música, colores y diálogos son manipulados para que siempre sepamos cuándo estar felices, cuándo enamorados y cuándo sentir terror.

Esto por sí mismo no esta mal. Hasta las más aclamadas cintas hacen uso de estos atajos, pero vale la pena —al menos para los cinéfilos— ser capaces de distinguir una cinta bien contada de una que sin sus múltiples acotaciones y notas de pies de página sería imposible de entender.

Maze Runner Prueba de Fuego (al fin voy a comenzar a hablar de la película) tiene muy buen ritmo y logra generar tensión al dejarnos siempre con la duda de qué pasara luego, cómo enfrentarán nuestros héroes su siguiente desafío. El problema, en mi opinión, es que está tan enfocada en mostrarnos la acción y los peligros que se olvida de atender a sus personajes.

Tomando prestados elementos de la literatura de supervicencia, cintas postapocalípticas y videojuegos de horror, Prueba de Fuego enfrenta a sus personajes a distintos peligros en escenarios muy variados. El enemigo original, CRUEL, tiene una presencia latente, lejana. Las pérdidas de vidas entre personajes nuevos y viejos están preparadas de manera tan apresurada que fallan en generar emoción. Yo no sé quién es ese tipo que está muriendo, no me importa, pero la música, las lágrimas de los personajes y los gritos de rabia me indican que yo también debería sentirme enojado, pero no es así.

Y aquí es donde la cinta pierde su oportunidad de convertirse en legendaria. Seguramente tendrá mucho éxito en taquilla y los fans de la saga salgan contentísimos, incluso me atrevo a decir que en treinta años su público la recordará con nostalgia, pero los jóvenes cinéfilos del futuro difícilmente la recomendarán a sus amigos, como quién hoy se topara por primera vez con la película de los Goonies.

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El cine sigue siendo un producto de consumo, un truco que usamos para olvidar, una ventana hacia mundos que nos alejan del nuestro. Un universo mágico donde, aunque los héroes tomen decisiones sin sentido y los idealistas consigan fácilmente seguidores, al final del camino el mal será vencido y los buenos se levantarán de entre los escombros mirando al horizonte, listos para continuar su eterna lucha por la verdad. Puaj.

Maze Runner Prueba de Fuego