John Carter: Una aventura de otro mundo.

Una adaptación que tiene el dudoso reconocimiento de haber permanecido en batallas legales por casi ochenta años, John Carter llega hasta nosotros de las manos de Andrew Stanton, mejor conocido por su trabajo como director en Wall-E y Finding Nemo y protagonizada por Taylor Kitsch (Remy LeBeau o Gambit, en la fallida X-Men Origins: Wolverine), en el centenario de la primera publicación de una historia de John Carter.

Durante estos casi ochenta años de estira y afloje, grandes nombres de la cinematografía se han acercado y alejado del proyecto, desde Robert Clampett (director de “Looney Toones”) que quería convertir John Carter en un proyecto animado años antes de que Disney inaugurara el genero con Snow White and the Seven Dwarfs hasta Robert Rodríguez, quien tuvo el buen tino de incluir a Frank Frazetta al proyecto. Robert tuvo que retirarse después de su conflicto con el sindicato de directores.

Al final, Disney obtuvo los derechos y comenzó la filmación en el 2010, con Taylor Kistch como John Carter y Lynn Collins como Dejah Thoris, Princesa de Marte.

La película gira en torno a John Carter, un veterano de la Guerra Civil Norteamericana que, sin saber ni como ni porque, es transportado al planeta Barsoom (Marte), el cual se encuentra librando su propia guerra civil.

Rápidamente se encuentra con los Tharks, una raza nómada y violenta, y su Rey, Tars Tarkas y con Dejah Thoris, la princesa de Helium, quien trata de convencerlo de ayudarle a salvar a su pueblo de la derrota contra la terrible ciudad móvil de Zodanga.

En medio de todo esto están los Therns, unos misteriosos seres que mantienen su propia agenda y juegan con la vida y el destino de Barsoom.

La historia es fácil de seguir y relatada con gran fluidez, pronto nos encontramos sumergidos en Barsoom y sinceramente mortificados por el destino de Helium. Los personajes son simples vehículos para la acción, faltan razones para sentirse identificado con los Tharks o incluso con los habitantes de Helium, sin embargo, la acción no parece detenerse en ningún momento, manteniendo un crescendo que culmina con un giro de tuerca que lograra sorprender a los cinéfilos más jóvenes.

El soundtrack a cargo de Michael Giacchino acompaña, sin opacar, lo que sucede en pantalla y los efectos especiales cumplen con su cometido sin ser particularmente sobresalientes.

La película es eficiente en su intento de narrar una historia y cuenta con gracia y elegancia una bella lección de amor y sacrificio mas allá de las estrellas, sin embargo, fracasa al tratar de establecerse como el comienzo de una saga que logre atrapar a la juventud del mismo modo que Edgar Rice Burroughs lo logró con su narrativa.

Lejos de ser un éxito rotundo en taquillas, John Carter ha sido lo suficientemente rentable para el estudio como para conseguirse una secuela (aunque pocas son ya, parece, las películas que no lo logran), ésta estará basada en la segunda entrega de Edgar Rice Burroughs: Los dioses de Marte.

 Jorge Guerra