El último amor del Sr. Morgan: Amor eterno, amor sincero.

Lastlove-H

Dirección: Sandra Nettelbeck

Reparto: Michael Caine, Clémence Poésy, Jane Alexander, Gillian Anderson, Justin Kirk

Para La Maga.

–¿Por qué dejaste de amar a la vida?

–Bueno, no se ama a la vida en sí. Uno ama lugares, animales, gente, memorias, comida, literatura, música. Y hay ocasiones en que conoces a alguien… que requiere todo el amor que tienes para dar. Y si pierdes a esa persona, piensas que todo lo demás se detendrá también. Pero todo lo demás sigue su curso. Giraudoux dijo ‘Puedes perder a una persona, aunque estés rodeado de muchos otros. Esas personas son como… extras. Ellos nublan tu visión, son una multitud sin sentido. Ellos… son una distracción inoportuna. Así que buscas el olvido en la soledad, pero la soledad solo te hace marchitar.’

–Entonces… ¿Soy una distracción inoportuna, soy una nube?

–Eres la única parte de mi vida que no logro descifrar todavía.

Si el dialogo anterior no los cautivó o nada les provocó dentro de sí, pueden detenerse en este momento y dejar de leer lo que viene a continuación. Si dentro de ti algo movió y hasta te hizo sentir un pequeño –o gran– vuelco en el corazón, sigue nuestro escrito.

La película El último amor del Sr. Morgan, es una atinada cinta que habla de un hombre mayor que perdió su amor por seguir viviendo, pero cuando un día por mera obra del destino conoce a una joven señorita, eso le da un motivo para seguir adelante.

La cinta tiene aciertos desmedidos, ¿A que me refiero? A que se cuidaron todos los detalles al por mayor. Empezando por un guión sólido y sincero, que no escatima en decir o pronunciar las palabras como son, lo cual se agradece, porque las formulas hollywoodenses de amor o de romance platónico o idealista están gastadas hasta el cansancio.

Este trabajo cinematográfico está basado en el libro ‘La Douceur Assassine’ de Françoise Dorner. Cuenta con un score compuesto por Hans Zimmer y teniendo París como locación efigie en la historia, se demuestra una fotografía realista con claroscuros que sientan bien para los momentos de meditación y reflexión en el filme.

El reparto es entrañable por completo. La dupla entre Caine y Poésy nos da sentimentalismo a cada cuadro. A pesar de que Sir Michael ya cuenta con 81 años de edad, para quienes hemos seguido su carrera en los últimos 10 años sabemos que su vitalidad y lucidez están al máximo, por lo que en esta película se le hace parecer más cansado y avejentado que de costumbre, pero contrasta con la vitalidad de Clémence quien interpeta a Pauline Laubie, una maestra de clases de cha cha chá.

La fórmula del contexto de esta historia, no es querer dejarle un buen sabor al espectador al final de la misma, ni tampoco hacer un absurdo de lo que idílicamente puede ser el amor, es llegar a un punto medio, un balance entre lo amargo y lo dulce, ver que al final del día la vida nos gana en lo que podemos tener planeado, en lo que pensábamos que era lo ideal, no se trata de resignación, se trata de aceptación.

Hay una buena crítica dentro del filme hacia el modo de vida estadounidense, en el que cada que viajan se creen dueños del lenguaje y que pueden utilizar a diestra y siniestra su tarjeta de “Soy de Estados Unidos, puedo hablar y hacer lo que me venga en gana”, lo cual se aplaude ya que pocas veces se nota este reflejo en pantalla de una realidad que es completamente cierta.

Apunte extra: Si te enternecen las verdaderas historias de amor, carga unos kleenex contigo, en verdad te harán falta.

Clasificación: Para quienes se han exiliado de la vida encontrarán un compañero fiel en esta película, en la que podrán espejear una realidad que es latente para el fin de cada uno de los que nos llamamos seres humanos enamorados.

Saludos de último amor.