Mi semana con Marilyn (“My week with Marilyn”) (2011)

Dir. Simon Custer

Mítica. Única. Simplemente fuera de este mundo. La secutora y misteriosa figura de Marilyn Monroe es quizás el más grande ícono que ha producido el cine en toda su existencia. Su fulgurante carrera y temprana muerte se han combinado para hacer de Norma Jean Mortensen (su nombre real) un mito moderno, la encarnación perfecta de la fábrica de sueños que es Hollywood. Un símbolo realmente puro del enorme impacto del cine en nuestra vida moderna. Y gran parte de este mito es el descubrir que tanto de ella era la diosa Marilyn, y que tanto era aún Norma Jean, la tímida e insegura joven con sueños de ser no una estrella de cine, sino una artista. Esta faceta de su personalidad es la que se vislumbra en las memorias de Colin Clark, quien en 1957 fungió como asistente de Sir Laurence Olivier cuando Marilyn viajó al Reino Unido a filmar “The Prince and the Showgirl”. Y estas memorias de cine regresan nuevamente a la pantalla grande en la cinta “My Week with Marilyn”.

Titulada “Mi semana con Marilyn”, la cinta narra la historia de Colin Clark (Eddie Redmayne), un joven recién graduado de la Universidad desea fervientemente abandonar la vida de clase acomodada que tiene con sus padres y entrar en la industria del cine. Para lograr esto, Clark se muda a Londres deseando encontrar trabajo en la casa productora de Sir Laurence Olivier (Kenneth Branagh). Gracias a su perseverancia, Clark recibe el apoyo de la esposa de Olivier, Vivien Leigh (Julia Ormond), y su primera tarea se vuelve el conseguir una residencia para la estrella de la próxima cinta de Olivier: Marilyn Monroe (Michelle Williams). Ganándose el puesto de tercer director asistente, Clark se adentra en el mundo del cine, encontrándose en medio del remolino de la filmación, donde descubre a una frágil e insegura Marilyn, tratándo de ganarse el respeto como actriz al enfrentarse a la realeza de la cinematografía Británica.

Con un guión adaptado por Adrian Hodges, “Mi semana con Marilyn” narra en cierta forma dos historias a la vez: la del viaje iniciático del joven Colin Clark al mundo del cine, y la del enfrentamiento de Marilyn Monroe contra el mundo, contra Olivier, contra sus miedos, contra sí misma. Hodges encadena muy bien ambas tramas, desarrollando el despegue de la carrera de Clark a la par que Olivier fragua la llegada de Marilyn al Reino Unido. Más sin embargo, aunque a ciertamente Hodges ofrece una muy interesante perspectiva de la labor cinematográfica a través de los ojos del joven Clark, finalmente es la historia de Marilyn la que absorbe a la otra. La historia de Hodges presenta un cautivador retrato de la compleja personalidad de Marilyn. La Marilyn de Hodges es Marilyn en la cúspide, es una estrella, una diosa, más en el fondo, es una mujer frágil e insegura que lucha por ganar el respeto de sus colegas.

Veterano de la televisión (con un curriclum que incluye a la popular serie de TV “Cranford” y a una de las mejores adaptaciones de “David Copperfield”), el director británico Simon Curtis da el salto a la pantalla grande en “Mi semana con Marilyn”, en la que revive el momento del choque entre la más grande estrella de cine norteamericana con el actor más prestigiado del Reino Unido. Este choque de personalidades, choque de leyendas, forma una de los elementos más interesante de “Mi semana con Marilyn”, pues en la cinta de Curtis, el enfoque no esta tanto en el aspecto visual de la cinta sino en su hábil manejo de actores. Para Curtis, lo interesante es descubrir el lado humano que se esconde en el fondo de la industria de cine, detrás del oropel y el maquillaje, y para hacer esto realiza una cinta donde los rostros, particularmente los ojos, dicen mucho más que cualquier línea de diálogo.

Naturalmente, las actuaciones se vuelven de gran importancia en este cine tan basado en la labor actoral, y aunque hay un par de excepciones trágicas; en general, se puede decir que el elenco de “Mi semana con Marilyn” hace un buen trabajo. Interpretando a la legendaria Marilyn, la actriz Michelle Williams realiza un trabajo formidable en el que realza la gran complejidad que contenía su personaje. Con gran talento Williams revive escenas de “The Prince and the Showgirl”, capturando esa magia vibrante que la Monroe imprimia a cada una de sus actuaciones, a la par de retratar los demonios de Monroe, esos que le hacían tan difícil lograr esas actuaciones con facilidad. Desafortunadamente, Eddie Redmayne, quien interpreta a Colin Clark, está mucho muy por debajo del trabajo de Williams, y brinda un trabajo tan pobre que afecta visiblemente a la cinta, pues el joven actor carece de química con Williams, y más de una vez luce acartonado y débil.

Sin embargo, Curtis tiene un sólido elenco en los papeles de reparto, donde destacan principalmente Judi Dench y Emma Watson, quienes a pesar de tener papeles pequeños dan una cátedra de actuación de primer nivel. Watson sobre todo es una agradable sorpresa, demostrando que sin duda es la más dotada del elenco juvenil de “Harry Potter”. Es triste que Curtis no haya logrado sacar de Redmayne una mejor actuación, pues a pesar de ser el protagonista es fácilmente opacado por los demás miembros del elenco. Curiosamente, esto hace más obvio un problema mayor: cautivado por la persona de Marilyn, el guión de Hodges deja casi totalmente de lado la historia de Colin Clark, que se queda más como un pretexto para poder adentrarnos a los conflictos de Marilyn, pues es realmente ahí donde se encuentra el alma de la historia. Lo cual no es nada extraño pues, después de todo, no es cualquier actriz, es Marilyn Monroe.

Finalmente, “Mi semana con Marilyn” es una buena exploración del gran ícono del cine, Marilyn Monroe, que nos presenta una soberbia actuación de Michelle Williams. Es una verdadera lástima que dicha actuación no encuentre buena contraparte en la de Redmayne, pero al menos está rodeada por geniales actores de soporte. Aunque tradicional en su visión, la propuesta de Curtis permite un gran lucimiento de sus actores, lo que se traduce en una cinta que aunque habla del material del que están hechos los sueños, es mucho muy humana. De hecho, esa gran humanidad es la que la distingue de otras biopics sobre Monroe, haciendo de esta una cinta que, si bien quizás imperfecta, no deja de ser disfrutable. Especialmente si uno se deja seducir por la magia de esta rubia legendaria.

J. Luis Rivera